Error de cálculo: consultores y economistas la pifiaron con la inflación

Pocas cosas son tan difíciles en la Argentina como acertar el porcentaje de la inflación de los próximos doce meses, un plazo que a la luz de las urgencias es considerado larguísimo por estas latitudes.

El propio Banco Central abandonó a mediados del año pasado el enunciado de sus metas de inflación, luego de reiterar hasta el hartazgo errores de cálculo desde aquel lejano enero de 2016 en el que Alfonso Prat-Gay y Federico Sturzenegger se fijaron un objetivo para todo 2019 del 5%, apenas tres décimas más que la inflación de marzo pasado.

Esa tarea ha quedado en manos de consultores y economistas del sector privado, que mensualmente dan a conocer sus pronósticos al Banco Central, sintetizados en lo que se denomina “Relevamiento de Expectativas de Mercado” o simplemente por sus iniciales, “REM”.

En ese REM, alrededor de medio centenar de economistas, consultores y bancos del país y el exterior son consultados habitualmente para que den a conocer sus proyecciones de inflación, actividad económica y tasa de interés, entre otras variables. Es una práctica habitual en varios países y necesaria para empresarios, inversiones y el público en general. Una guía muy importante para la toma de decisiones en contextos económicos y políticos previsibles y mucho más en aquellos sujetos a volatilidades. Se trata, en definitiva, de las previsiones de los que más saben de la economía del país y que por su conocimiento, su capacidad y su dedicación son permanentemente consultados por los factores de poder.

La práctica de consultar a privados en el marco del REM ya había sido ensayada hace una década en la gestión de Martín Redrado en el BCRA, pero fue dejada de lado luego de una seguidilla de pronósticos que generosamente podrían ser calificados como poco confiables. En rigor, economistas y consultores accedían a un relevamiento sui generis: no se los consultaba por sus propias proyecciones de inflación sino sobre cuál sería el índice de precios al consumidor que daría a conocer el INDEC. Una diferencia sustancial en aquellos tiempos de destrucción del sistema estadístico nacional. De esa manera, para no fallar en sus pronósticos, los consultados informaban cuál iba a ser el “dibujo” del organismo y no la inflación real que ellos esperaban.

Con la asunción de Sturzenegger a la Presidencia del Banco Central y de Jorge Todesca a la Dirección del INDEC, la autoridad monetaria reeditó el REM, aunque esta vez sin trampas. Pero esta vez, las complicaciones vinieron por otro lado. Ya sin manipulación estadística, quedó en evidencia que la capacidad de los expertos en dar pronósticos más o menos precisos deja mucho que desear.

Queda claro que el pronóstico de inflación no es un juego de lotería y nadie objetará un desvío de algunas décimas y hasta de algunos puntos porcentuales, mucho más con lo dificultoso de formular previsiones en un país imprevisible. Pero se supone que la calidad profesional de los consultados los coloca varios escalones más arriba que el común de la población a la hora de analizar la situación económica. A eso se dedican y por eso perciben sus honorarios, precisamente.

El próximo viernes 3 de mayo el Banco Central dará a conocer el REM correspondiente a abril. En él se conocerá la mediana de inflación proyectada para los doce meses venideros y no hay más remedio que esperar a mayo de 2020 para comprobar si esos pronósticos se acercan o no a la realidad. Por lo pronto, en el último REM se previó una inflación interanual del 30,7% que dentro de doce meses se podrá saber si se corresponde con lo efectivamente ocurrido.

Un recorte de 24 puntos porcentuales en la inflación interanual respecto de los niveles actuales es una muestra de un optimismo que los participantes del relevamiento seguramente sabrán fundamentar. Por lo pronto, sólo se puede confrontar esa visión de futuro con la ya manifestada en consultas anteriores.

Los resultados no los dejan bien parados, si se tiene en cuenta, por ejemplo, que en el REM de abril de 2017 se pronosticó una inflación del 17,9% para los doce meses posteriores. Pero en abril de 2018 el INDEC informó una tasa interanual del 25,5%. Después de todo, no fue tan grave: la diferencia de 7,6 puntos porcentuales fue la más reducida de la serie.

Los meses siguientes pusieron en evidencia una brecha cada vez mayor entre las expectativas de los consultados y la realidad inflacionaria finalmente informada por el INDEC. Pero en todos los casos se da una constante, ya que siempre los errores consistieron en estimar una inflación menor a la real, nunca una mayor.

Así, los 7,6 puntos porcentuales de abril pasaron a ser 8,9 en mayo, 12,5 en junio y 14,1 puntos en julio. Agosto tuvo una particularidad, ya que los 17,2 puntos porcentuales de pifia fueron los mismos que pronosticaron de inflación. En otras palabras, el Índice de Precios al Consumidor nacional fue el doble de lo que se proyectó en el REM.

Si por sí solo tamaño desvío alcanza para poner en duda la capacidad de pronóstico de los economistas y consultores, qué puede decirse de los meses siguientes. En septiembre, la mediana del relevamiento fue de 16,9%, pero la inflación real fue del 40,5%. El desvío fue de 23,6 puntos porcentuales o, si se prefiere, la “expectativa” representó el 41,7% de la realidad. O para decirlo de una forma menos rebuscada, la inflación real fue dos veces y media la proyectada.

La brecha se acrecentó en octubre. La previsión de inflación fue de 17,3% pero la efectiva alcanzó al 45,9%, con 28,6 puntos de desvío que en noviembre llegaron a 31, si se compara el 17,5% de pronóstico con el 48,5% que el INDEC comunicó doce meses después.

En diciembre hubo una leve mejora en la puntería, con una diferencia entre previsión y realidad de 30,2 puntos porcentuales, con un REM de 17,4% y una inflación real del 47,6%.

Pero en enero todo volvió a la normalidad. La expectativa fue de 18,6%, 30,7 puntos menos que el 49,3% de inflación real. Y por si fuera poco, la diferencia se estiró en febrero a 33,7 puntos, la distancia entre el 17,6% pronosticado y el 51,3% informado por el INDEC.

Los últimos datos disponibles para la comparación son los de marzo, en el que la proyección de los expertos consultados fue del 17,8%, bastante menos que el 54,7% de inflación real. La brecha en este caso fue de 36,9 puntos, es decir que los precios al consumidor aumentaron más del triple de lo que previeron los consultores.

El 15 de mayo se informará oficialmente la inflación de abril y también la acumulada de los últimos doce meses. Al menos ya se cuenta con uno de los números para comparar. ¿Habrá algún consultor que tenga argumentos para defender por qué hace doce meses previó que la inflación interanual iba a ser del 18,2%?



Categorías:Economía

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