El celular utilizado como herramienta educativa

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La utilización acelerada de las nuevas tecnologías por las nuevas generaciones tanto “Y” (1980-2000) como la “Z” (2000-2010), hace necesario un cambio no sólo en las instituciones educativas del uso de las mismas para su aprendizaje, sino también para los docentes en el aula y las familias. La magnitud de la información, textos e imágenes que los jóvenes de estas generaciones procesan diariamente, no puede ser desconocida, y muy por el contrario, deben ser tenidas en cuenta como herramientas para el desarrollo integral del individuo.

En un estudio realizado en alumnos de la Universidad Nacional de la Rioja, Argentina, se analizó la relación entre la atención, la memoria y el uso del celular en el aula. Los resultados sobre la totalidad de los estudiantes (57), demostró que más de la mitad mejoró la memorización de contenidos y la atención, utilizando el celular en actividades didácticas. Asimismo, los alumnos opinaron que, el teléfono les ayudó como apoyo al estudio y también para aprender mediante juegos propuestos por el docente (Aguirre Téllez, 2016).

En otra investigación, realizada en Buenos Aires, sobre 200 alumnos de nivel secundario, donde se les propuso el uso del celular dentro del aula, el 67% manifestó que lo utilizaron para complementar las tareas que les dieron los docentes, buscar información e ingresar a plataformas virtuales de interés.
Como la generación de los millennials, y la “Z”, se calcula que pasan más de 15 horas semanales navegando en la red por diferentes dispositivos electrónicos incluido el teléfono inteligente, genera que esta costumbre se convierta en un reto concreto para los educadores (instituciones educativas, padres, medios de comunicación, etc.). Y en el aula específicamente, es para el docente, que se enfrenta con estas generaciones que necesitan información rápida, simple, y en lo posible, complementada con gráficos e imágenes que le permitan ser motivados y poder despertar su interés en el aprendizaje.

Partiendo de hechos incuestionables, se concluye que la enseñanza es una comunicación bidireccional entre el docente y el alumno, en donde la circulación e intercambio de conocimientos, saberes, datos e información deben concretarse mediante canales fácticos y comunes entre ellos. Un estudio realizado en la Universidad de Zulia, Maracaibo, constató que el uso del celular en el aula como herramienta educativa favorecieron la creatividad, la interacción del alumno con los contenidos, el aprendizaje colaborativo, e incrementó la interacción entre los alumnos y la misma institución educativa.

Finalmente, en otro trabajo realizado en la Universidad Camilo José Cela de Madrid, sobre 223 docentes, llegaron a la conclusión que el 93,3% de los mismos, tenía un gran desconocimiento en cuanto al uso educativo que se le podría dar al celular en el aula. Los docentes entre 36 a 50 años, se mostraron más receptivos y flexibles en manifestar su interés por conocer el cómo integrar esta herramienta educativa, y de relacionarse y comunicarse con los alumnos mediante un instrumento que para ellos forma parte de su vida diaria.

Teniendo en cuenta todo lo expuesto, son los educadores (instituciones educativas, familias, docentes y todo tipo de formadores), los que deben adaptarse a las generaciones que hoy tenemos en el aula y en la sociedad, para poder comunicarse de la mejor manera posible con ellos, para que por la formación sean conducidos a que surjan como ciudadanos responsables, criteriosos y respetuosos consigo mismos y con el prójimo.

Por el Dr. Claudio Larrea

Rector de la Universidad Católica de Cuyo.



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