Una noche, Gaby Díaz se convirtió en leyenda

1-GABIDIAZ-@-RICARDO SANTELLAN

No hay que un entendido en la materia para saber que Gabriel Díaz es uno de los jugadores más emblemáticos del básquet argentino. Su carrera, tan extensa como impecable, lo llevó a ser uno de los diez jugadores con más presencias dentro de la Liga Nacional, también uno de los mayores anotadores del torneo.

Según Diario El Argentino, pasó su básquet por varios clubes, desde aquel debut a los 15 años en Pacífico de Bahía Blanca. Pasó por Sport Club de Cañada de Gómez donde fue finalista de la temporada 1990 y después fue figura en Andino de La Rioja, donde compartió equipo con un juvenil Emanuel Ginóbili. Fue campeón en Estudiantes de Olavarría en la temporada 2000/2001, luego jugó en Libertad de Sunchales, Atenas de Córdoba y en la temporada 2005/2006 llegó a Central Entrerriano.

En el rojinegro fue estandarte de los equipos que disputaron las temporadas siguientes de Liga Nacional y, ya afincado en la ciudad, paseó su básquet por La Unión de Colón, Racing y Neptunia, para volver a calzarse la casaca rojinegra en la Liga Entrerriana2014, donde fue campeón y figura preponderante del equipo que consiguió el ascenso al Torneo Federal, para luego seguir deleitando con su gran básquet en las tres temporadas de Central en el TFB.

Hasta ahí lo meramente estadístico, lo anecdótico. Lo que seguramente muy pocos han tenido la oportunidad de comprender, es la importancia de la elección de vida que hizo Gaby junto a su familia, de elegir Gualeguaychú para echar raíces, criar a sus hijos y convertirse sin proponérselo, en uno más de nosotros.

Para los que caminamos las calles de la ciudad, es común cruzarse con Gaby, caminando o en su auto. Son comunes las charlas de esquina, casi siempre con el básquet como tema excluyente.

Porque si hay algo que destacó a Gaby durante toda su vida es el amor incondicional por el baloncesto. Gabriel Díaz es sinónimo de básquet, que a nadie le quepa la menor duda.

Y dentro de esa elección de vida, también hay un amor para los colores de Central Entrerriano que se fue acrecentando con el paso de los años. Un amor tan grande que nadie en Central podría reprocharle jamás a este tucumano bonachón, el hecho de haber jugado en La Unión y en Racing, dos de los rivales históricos de la entidad de calle España. Y nadie se lo reprocha porque saben que el básquet es la vida de Gaby, y jugando al básquet, Gaby fue un tipo feliz.

Los años que se fueron sumando en el documento no hicieron más que acrecentar su enorme calidad dentro de la cancha. Gaby fue un manual de fundamentos, como escribió alguien por ahí. Verlo jugar fue deleitarse con sus gestos técnicos, con sus amagues, sus lanzamientos. Verlo jugar fue un placer.

Por eso cuando el miércoles Central perdió con Deportivo Norte y terminó su participación en el Torneo Federal, todos imaginamos el final que se avecinaba. Gaby juntó sus manos, miró a la tribuna y con los ojos llenos de lágrimas, agradeció en silencio tanto cariño.

La gente, que no es zonza, supo disimular el dolor por la derrota y le dedicó una ovación al ídolo que nunca más volverá a vestir la “7” rojinegra. Los que fuimos testigos de ese momento, los que tuvimos la oportunidad de verlo sentado en la mesa de control todavía vestido de jugador, entendimos inmediatamente que el jugador le daba paso a la leyenda.

Si vida seguirá ligada al básquet, porque nadie imagina la vida de Gaby Díaz lejos de un rectángulo de juego, lejos de la pelota, de su amor incondicional por el básquet.
Los que hemos tenido la dicha de entablar una relación más allá del básquet, despedimos a un gran jugador, a una mejor persona.

Gracias por tanto básquet Gaby Díaz … Gracias por tanto, Señor Básquet!!!!



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